Mi cuerpo reacciona. Mis ojos se clavan en los tuyos. Trato de ir lento y no aparatar mis ojos de los tuyos. Suave y lentamente nuestras mejillas se topan y se rozan, mientras nuestras manos se acarician. Mi nariz busca tu olor y lo encuentra, se deleita al saber que mejor aroma que ese no va a encontrar... Lentamente y sin dejar de rozarnos las mejillas, comenzamos a separarnos. Mi nariz se revoluciona a medida que se escapa tu aroma y trata de guardar un poco de ese exquisito perfume [tan propio de ti]. Mis manos tiemblan y se estremecen al ser dejadas por las tuyas, se sienten solas, desabrigadas. Mi mejilla comienza a sonrojarse y acalorarse, siente pena y nostalgia de dejar de rozar a la tuya... Pero los más felices son mi ojos, brillan y se humedecen, pues volvieron a clavarse en los tuyos. Esta vez no sólo se queda en tus ojos y, con la ayuda de mi mente, recorren tu cuerpo guardando, por poco que sea, algún recuerdo tuyo. Se pasan de tus ojos a tu sonrisa [que brilla como ninguna], se posan en tu pelo, en tu nariz, vuelven a tus ojos [que son como una droga para los míos]. Llega el momento de apartarme completamente de ti, con la convicción de que, al cerrar mis ojos, mis sentidos crearán una imagen de ti, que obviamente carecerá de tu belleza, pero que, de igual manera, la acepto.
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